17 de julio de 2013

EL SILENCIOSO SAN JOSÉ PRONUNCIÓ SOLO UNA PALABRA: JESÚS

"Cada miércoles, día dedicado a la memoria y al amor al gloriosísimo y santísimo San José, un recuerdo especial suyo como homenaje al Papa Francisco por el amor y devoción que tiene al glorioso Patriarca, como lo demuestra especialmente, amén de otras muchas manifestaciones, por la homilía pronunciada en el día de su toma de posesión del ministerio Petrino el 19 de marzo, fiesta de San José. Y últimamente haciendo que su nombre sea pronunciado inmediatamente después de la Virgen María en las plegarias eucarísticas II, III, IV de la Misa. Esto supone una inmensa glorificación para San José y, pienso, un buen medio para propagar la devoción al glorioso Patriarca."



Es ya proverbial que el justo José es un Santo silencioso. “Un clima de silencio acompaña todo lo relacionado con la figura de San José” (RC 25). Y se le ha apellidado con este calificativo porque el Evangelio no nos conserva ninguna frase salido de sus labios, como nos la conserva, por ejemplo, de la Virgen María: Hágase en mí según tu palabra, el Magníficat. José ante las revelaciones y llamadas del Señor en sueños no habla, pero hace. De ahí ese llamarle el silencioso. El B. Juan Pablo II dedica unas palabras a este silencio contemplativo de San José, del que nacen obras maravillosas y estupendas, aunque sencillas y sin relumbrón. Y es que de la profundidad del silencio salen las sentencias prodigiosas y las obras transcendentales y ejemplares, como son las de San José.


Y, sin embargo, sus labios pronunciaron una palabra que las encierra y supera a todas: Jesús. El Ángel le había transmitido el mandato de Dios de que al niño que nacería de su esposa María le pusiera el nombre de Jesús, como padre que era de él, por su matrimonio con ella. Y así, el día de la circuncisión durante la ceremonia, José le impuso al Niño el nombre de Jesús, le dio el nombre sobretodo nombre, de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en el abismo. Lo que sintió José al imponer el nombre de Jesús Salvador no es para descrito.  Y desde ese momento arranca la historia gloriosísima del nombre de Jesús en la vida Iglesia. Santos ha habido, como San Bernardo y San Bernardino de Siena, que se han extasiado ante ese nombre y han predicado de él las más gloriosas alabanzas. Un santo anónimo compuso el oficio del dulce nombre de Jesús, en el que del corazón del autor se derraman mieles y dulzuras de éste glorioso nombre. Pues ¿qué mieles y dulzuras se derramarían del corazón abrasado de José, cuando pronuncio su nombre por primera vez oficialmente? Porque ya con anterioridad, desde el momento mismo del nacimiento de Jesús, en la cueva de Belén salió raudo el nombre de Jesús de los labios de José y de María con sentimientos tiernísimos en el corazón de ambos al pronunciarlo. Dice el Santo Juan de Ávila: “ Contó el uno al otro el dulce nombre de Jesús que el Ángel les había dicho que pusiesen al Niño después de nacido; y fue muy particular gozo entre ellos oír nombre tan excelente y consolativo como Jesús, que quiere decir Salvador, y como el Ángel les dijo, Salvador de los pecados (Sermón de San José, 19.Marzo.1554 ¿). Un nombre que encierra en sí todos los bienes: ¿De quién me vinieron a mí todos los bienes sino de Vos, mi Jesús? (Santa Teresa) Dice San Juan Crisóstomo:” Por la misma razón trajo el Ángel del cielo el nombre de Jesús, dando a entender cuán maravillosa era la concepción por el hecho de ser Dios mimo quien por el ministerio del Ángel enviaba a José el nombre que había de ponerse al Niño. Y a la verdad no es éste un nombre puesto al azar, sino un tesoro de bienes infinitos. Y así lleva a José a creer en su mensaje” (Homiliae in Matheum, homilía 4,7;PG 57,47). Y al pronunciarlo San José se le hizo miel dulcísimo en la boca, música melodiosa y suavísima en el oído y júbilo exultante y placentero en el corazón. Porque éste nombre dulcísimo compensa plenamente todos los silencios de San José.

P. Román Llamas, ocd