27 de mayo de 2017

MARÍA, MADRE DE LA FE



¡Madre!, enséñame a tener una fe como la tuya. Una fe humilde y sencilla, abierta y disponible, confiada y abandonada en la Palabra de nuestro Padre Dios. Una fe paciente e incondicional capaz de seguir adelante, a pesar de la oscuridad e incertidumbre del camino y de los acontecimientos que no puedo entender. ¡Madre, una fe a prueba de dolor y sacrificio, de incertidumbre y oscuridades; de misterios y dudas que sabía guardar en tu corazón confiando y esperando su providencia por su Amor y Misericordia.

¡Madre!, una fe capaz de cambiar mi vida como la cambiaste tú. ¡Madre!, una fe ciega, como la de un niño en la presencia de Dios y abandonado a su intervención. Tal y como tú, Madre, te abandonaste a su Voluntad y a su Amor. 

¡Madre!, ¿cómo se hace eso?, pues yo también quiero hacerlo y vivirlo. ¡Madre!, intercede como Madre de Dios, para que el Padre aumente la fe de todos tus hijos y nos fortalezca nuestra voluntad para vivirla de forma incondicional y disponible como tú has hecho. 

¡Madre!, gracias por estar ahí, cercana y atenta a todos tus hijos, y dispuesta a acompañarnos y a escucharnos, para con tu ejemplo y fortaleza servirnos de testimonio y ánimo para llevarnos a la presencia de tu Hijo. ¡Madre!, intercede por todos nosotros para que, por la Gracia del Padre, nuestra fe de cada día sea más grande y más firme.

Porque, sólo con fe, Madre nuestra, seremos capaces de buscar y vivir en el gozo del Señor, a pesar de los avatares y vicisitudes de cada día; a pesar de nuestras debilidades, tentaciones y pecados, que nos derrumban y nos sumen en el fracaso y el abandono. Y esa fe, de la que tú eres un claro ejemplo y testimonio, sólo nos puede venir como don gratuito del Padre Dios. 

Y Tú, Madre,  aparte de enseñarnos el camino y darnos ánimo, nos llevas a tu Hijo, para que, por Él y su Amor, el Padre nos conceda el don de la fe para vivir en su esperanza y seguimiento. Amén.

25 de mayo de 2017

EL SAGRADO Y MISERICORDIOSO CORAZÓN DE JESÚS


Hace no demasiados años todos teníamos en la pared de la cabecera de la cama una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Algunas de esas imágenes estaban más logradas que otras y las había, cabe reconocerlo, algunas “muy mejorables”.
Abro un paréntesis para decir que cuando decimos que una imagen de Jesús o de María es fea se ha de entender, lógicamente, que nos referimos no a lo que representa sino a como lo representa, es decir, al arte o falta de él que ha tenido el artista o el bienintencionado pero muy poco artista. Aclarado queda.
Pues bien, lo más importante de esas imágenes era que nos representaba a Jesucristo, Hijo de Dios, con corazón de hombre. Cuando en la Biblia se habla del corazón nos referimos no solo a la válvula que nos permite vivir porque bombea la sangre, ni tampoco solo al corazón que se enamora y ama a otra persona, sino también del lugar simbólico donde se toman las grandes decisiones y, también, el lugar de acogida al débil y necesitado, al pequeño o al diferente. Así pues, cuando de alguien decimos que “no tiene corazón” no nos referimos a que no posea la válvula, o cuando hablamos del Corazón de Jesús no lo hacemos refiriéndonos a lo que le bombea la sangre.
Esa realidad del Corazón de Jesús, tradicionalmente se ha designado precedida de la expresión “Sagrado”. No quisiera yo menoscabar para nada que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios verdadero, es Santo y Sagrado todo Él y, por tanto, también su corazón. Pero, me atrevo a completar esa denominación con el adjetivo “misericordioso” porque, sin duda, tras el Año de la Misericordia y, en especial, después de toda la predicación que de ello nos ha ofrecido el Papa Francisco, creo que así se completa de manera necesaria la comprensión de qué es el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús.
Un Corazón que ama, perdona y se compadece. Recordemos como siente y actúa ese Corazón ante la multitud de personas que le han seguido para escucharles. Jesús había aprendido de su Madre el “no tienen vino”, es decir, el fijarse en qué es necesario y, sobre todo, en quién está necesitado. Así, ahora, Jesús se fija en que “no tienen pan” y desde su mirada compasiva, como hizo al convertir el agua en vino, ahora convierte lo poco en mucho. Porque el Sagrado y Misericordioso Corazón de Jesús es un lugar de acogida generosa.

24 de mayo de 2017

AUDIENCIA DEL PAPA FRANCISCO

Hermosas, !la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento", palabras del Papa Francisco. Y hermosas porque, de alguna manera, resumen la vida de toda persona: "Un camino de alegrías y tristezas que madura en la medida que experimenta la pobreza y el dolor". Ese es el único y verdadero camino de nuestra vida, aprender de nuestros fracasos, de nuestros errores y pecados.

Y de alguna manera, nos dice nuestro Papa, todos somos experiencia de Emaús. ¿Quién no experimenta la tristeza, el fracaso y la desilusión? ¿Y quién no siente y experimenta el impulso de volver al camino, levantarse y continuar la marcha? Es el Señor que nos alienta y nos llena de esperanza, porque detrás de todo dolor y sufrimiento nace la esperanza de un mañana mejor, que en el Señor se hace gozoso y eterno.



PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Miércoles 24 de mayo de 2017


Queridos hermanos y hermanas:

La lectura del Evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos narra la experiencia de los dos discípulos que, después de la muerte de Jesús, huyen de Jerusalén sin esperanza, desilusionados y llenos de amargura por la derrota del Maestro, hacia la tranquilidad de Emaús.

En ese caminar hacia su aldea, mientras conversan con paso triste y desesperanzado, se les une un desconocido. Los ojos de ellos, velados aún por el fracaso de sus expectativas humanas, no reconocen que es Jesús. El Señor camina con ellos, y aunque conoce el motivo de su desilusión, no se impone, sino pregunta y escucha. Comienza su «terapia de la esperanza». Les deja el tiempo necesario para que hagan un recorrido interior y lleguen al fondo de su amargura. Y ellos pronuncian aquellas palabras: «Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel»; palabras que trasudan tristeza, decepción, derrota, y que son un retrato de la existencia humana que nos es común.

Jesús camina, de manera discreta, junto a todas las personas desalentadas, y logra darles de nuevo la esperanza. Como a los discípulos de Emaús, él habla a través de las Escrituras, manifestando cómo la verdadera esperanza pasa por el fracaso y el sufrimiento. Y al final del camino cumplido en su compañía, Jesús se hace reconocer en la Fracción del pan, gesto fundamental de la Eucaristía, don de su amor total, de donde brota la vida de la Iglesia y del cristiano.


Saludos:
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Que Jesús resucitado nos conceda descubrirlo presente y vivo en su Iglesia donde, saliendo a nuestro encuentro y caminando junto a cada uno, nos conduce con su amor infalible y su presencia vivificante por el camino de la esperanza. Que Dios los bendiga.


22 de mayo de 2017

UN MILLÓN DE VISITAS

UN RINCÓN PARA ORAR

"Despojado de toda distracción y riqueza. Sólo desde la humildad de nuestro corazón, junto a María, llegará nuestra oración al PADRE

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Según las estadísticas de Blogger nuestro blog "Un Rincón para orar" sobrepasa la cifra de visitas de un millón. No sabemos la certeza de esta cifra, pero nos congratulamos que al menos se aproxime y nuestros esfuerzos de llevar la oración a mucha gente sea una realidad.

Gracias a todos y un fuerte abrazo en el Señor.



20 de mayo de 2017

EL SUFRIMIENTO DE MARÍA

Nos resulta muy difícil comprender la actitud de María e imaginarnos como se enfrentó y sufrió ese tiempo de gestación hasta llegar el nacimiento de su Hijo Jesús. Para empezar, el anuncio tuvo que ser una experiencia impactante y sorprendente, pero a su vez llena de temor e inseguridad. ¿Qué iba a suceder? ¿Cómo presentarme así, con esta noticia a José? ¿Acaso me iba a creer?

¿Podemos imaginar por un momento esa situación y tratar de ponernos en su lugar? ¿Puede haber sucedido en nuestra vida algo parecido, no en la dimensión tan alta de María, sino en pequeñas cosas en nuestra vida? ¿Hemos sentido algo que nos sintamos movido por la acción del Espíritu Santo? O, simplemente, ¿estaríamos atentos y dispuesto a escuchar y dejarnos llevar por Él?

Son preguntas e interrogantes que también podemos encontrar en el testimonio y vida de María. La Madre de Dios puede ayudarnos a confiar en su Hijo y a dejarnos conducir por la acción del Espíritu Santo. Fijémonos: María aceptó la tarea que se le encomendaba sin dudar por un momento. Se sometió a la Voluntad de Dios porque creía profundamente en Él y se fiaba de sus cuidados y protección. Su respuesta no da lugar a ninguna duda.

Ser la Madre de Dios era tal privilegio que eso le bastaba para disipar toda duda y temor. ¡Dios mío!, ¿estamos nosotros ansiosos de recibir cualquier encargo del Señor para entregarnos a cumplirlo? Sólo el pensarlo descubre mi poca fe y todos mis miedos. ¿Y puedo imaginar cómo pudo María soportar la decisión de José al saber por María de lo que le había ocurrido? ¿Y lo doloroso que tuvo que ser para ambos? ¿Y la alegría, alivio y satisfacción al conocer la noticia del ángel?

¡Dios mío, Madre!, danos la fortaleza y la voluntad de saber digerir y soportar todos las dificultades y vicisitudes que la vida nos depara y, mirándonos en Ti, ayúdanos a descubrir la Voluntad de Dios que, tanto tu Hijo como Tú han sabido descubrir y cumplir. ¡Madre en ti nos apoyamos!